Uno se expone a llorar un poco si se deja domesticar


Hoy, volví a leer un libro que leí cuando era niña, más adelante se darán cuenta cual es porque también lo leyeron, fue un regalo que me dio esta semana un querido amigo y aproveché para leerlo hoy que no tenía muchos ánimos de hacer nada porque ando como sensible…

Leí el libro con otros ojos, con los ojos del corazón, tuve que dejar de ser “mayor” para recordar que cuando lo leí pequeña lo entendí perfectamente. Y entonces entendí que la dedicatoria del libro es para mi: “Puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños (pero pocos lo recuerdan)”

Así, pues, el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de marcharse:

-¡Ah! -dijo el zorro- Lloraré.

-Tú tienes la culpa -dijo el principito-. Yo no quería hacerte daño, pero quisiste que te domesticara…

-¡Claro! -dijo el zorro.

-¡Pero vas a llorar! -dijo el principito.

-Claro -dijo el zorro.

-¡Entonces no sales ganando nada con todo esto!

-Sí salgo ganando -dijo el zorro-, por el color del trigo (le recordaba el color dorado del pelo del principito).

Luego añadió:

-Vete a ver las rosas otra vez. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas otra vez:

-No os parecéis en nada a mi rosa, todavía no sois nada -les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era antes mi zorro. No era más que un zorro parecido a otros cien mil. Pero le hice mi amigo y ahora es único en el mundo. Y las rosas se sentían muy molestas.

-Sois hermosas, pero estáis vacías -siguió diciéndoles-. No se puede morir por vosotras. Por supuesto, un transeúnte cualquiera creería que mi rosa se parece a vosotras, pero ella sola es más importante que todas vosotras: porque yo la regué. Porque le maté las orugas (excepto dos o tres por lo de las mariposas). Porque la escuché quejarse, o vanagloriarse, o incluso a veces callar. Porque es mi rosa.

Y se dirigió otra vez hacia el zorro:

-Adiós-dijo.

-Adiós -dijo el zorro-. Este es mi secreto. Es muy sencillo:

Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

-Lo esencial es invisible a los ojos -repitió el principito para acordarse.

-El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.

-El tiempo que perdí con mi rosa… -dijo el principito para acordarse.

-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa

-Soy responsable de mi rosa… -repitió el principito para acordarse.

Y más adelante encontré otra frase:

“Uno se expone a llorar un poco si se deja domesticar”

Así que descubrí uno de los más grandes motivos por los que me he vuelto tan sensible en esta vida… y entendí también que cada quien tiene su mundo y según su mundo ve lo que ve, interpreta lo que interpreta y siente lo que siente, así estemos todos en el mismo planeta… y entonces nos olvidamos de lo esencial cuando cultivamos 5.000 rosas en un mismo jardín y no encontramos en el lo que buscamos, porque los ojos están ciegos si no vemos con el corazón.

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